miércoles, marzo 12, 2008

Los concursos

En esos días que estoy empezando a olvidar, en el que me buscaba objetivos como loca para no aburrirme por las mañanas, he recordado una vieja tradición que ocupó buena parte de mi infancia y que lograba entretenerme siempre. Se trata de los concursos.

Y todo porque me he enganchado a uno que emiten por la Primera que se llama La lista y que consiste en que dos personas que se conocen por primera vez en el programa, tienen que formar equipo para resolver las listas que le van planteando. Un argumento que a simple vista parece muy simple, se convierte en un gran reto muy bien presentado por un genial Daniel Domenjó.

Eso era lo que me fascinaba de los concursos, la manera en la que lograban engancharte resolviendo paneles o viendo como concursantes las pasaban canutas superando diferentes pruebas, acompañados por un presentador/ora que lograba que esa hora se te hiciera amena y que si te perdías un día de programa, te sentías mal y como que le estabas defraudando por no haber sintonizado el programa a tiempo. Los presentadores en ese momento se convertían en alguien ya de la familia y les tomabas un cariño tremendo y creo que hasta podías sentir, los días que estaban más bajos de ánimo y o los que estaban bien, era una especie de sincronía en la que incluso les tomabas como tus mejores amigos a los que te apetecía contarles que tal te había ido el día.

Cuando saludaban a la cámara, yo siempre les contestaba que tal estaba, aunque no esperara respuesta, me bastaba con entretenerme esa hora y ponerme una sonrisa con algunos de los chistes que siempre se les ocurrían con la mayoría de concursantes.

Los concursos eran más elaborados en mi época, recuerdo perfectamente tres emblemáticos:

1. El tiempo es oro: Con el gran Constantino Romero, en el que me sorprendía la cantidad de libros enormes que tenían que consultar y que yo los veía todos iguales¡¡¡ Pero sobretodo me hipnotizaba la voz del genial Constantino, era algo sorprendente que me cautivaba por completo y todavía lo sigue haciendo.

2. La noche de los castillos: De los mejores concursos de la televisión, no se si lo recordais. Tres concursantes pasaban por una primera fase en la que tenían que soltar un todoterreno con una cadena, luego adentrarse por el bosque y elegir bien las rutas para llegar al castillo y salvar a la princesa, sino lo hacían a tiempo la princesa era ejecutada. El planteamiento era muy original y además las pruebas eran bastante rebuscadas, quizás me encantaba porque parecía una película con su nudo, planteamiento y final. Uno de los recuerdos más bonitos que tengo es que para conseguir ver el programa entero, me ponía en otra habitación donde no estaban mis padres, bajaba el volumen hasta el mínimo que yo pudiera escucharlo y mis padres no y aguantaba hasta que se acordaran que me tenía que ir a acostar. Alguna vez, duré quince minutos más de lo esperado jeje. Y eso que lo podría ver tranquila en la repetición del fin de semana, pero no podía aguantar

3. El juego de la oca: Con mi admirado, el gran Emilio Aragón, persona que se convirtió en el gran ídolo de mi infancia. Lo adoraba. me hacía reir, me enternecía y me emocionaba. Estaba como loca por ser mayor y participar en ese programa, ponerme el color rojo, mi favorito como no, coger el mando del bolsillo y darle a la pantalla para caer en todas las casillas, menos la del Fleki, que me daba mucho miedo¡¡¡

Hoy el arcón se ha abierto a la nostalgia, pero esa inquietud mía de participar en todos los concursos se me ha ido disipando a medida que he descubierto que se puede ganar dinero de una manera más dura como es trabajar, pero que es más rentable y posible que ir a todos los concursos. Aunque en su momento, me encantó vivir con ese sueño.

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